(...) Silencio: ya el paso leve
por entre la hierba mueve,
como quien busca y no atina,
y temerosa camina
por ser vista o tropezar,
una mujer; en la diestra
un puñal sangriento muestra.
Sus largos cabellos flotan
desgreñados, y denotan
de su ánimo el batallar.
Ella va. Toda es oídos;
sobre salvajes dormidos
va pasando; escucha, mira,
se para, apenas respira,
y vuelve de nuevo a andar.
Ella marcha, y sus miradas
vagan en torno azoradas,
cual si creyesen ilusas
en las tinieblas confusas
mil espectros divisar.
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